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sábado, 30 de abril de 2022

Extracto del libro sobre la vida de Pete Rose

Portada del famoso libro autobiográfico "Charlie Hustle" sobre la vida de la leyenda del béisbol Pete Rose, escrito en forma conjunta junto al periodista Bob Hertzel y publicado en 1975. 

Hoy quiero compartir con los amables lectores, un extracto del libro titulado "Charlie Hustle" La Vida de Pete Rose, escrito por Pete Rose y el periodista Bob Hertzel, que fue publicado por la Revista "Deportes", el año 1979, y que conservo en mis archivos de béisbol. Así era como apodaban a Pete Rose "Charlie Hustle".

Allí, la gran estrella Pete Rose, nos describe en una especie de diario, parte de sus vivencias, que nos permitirán entender muchas de sus acciones, curiosidades, interioridades y vicisitudes por las que tuvo que enfrentar para llegar a ser el pelotero que jugaba con fogosidad, ímpetu y calidad para llegar a ser considerado como el mejor de su generación.

Sin más preámbulos, a continuación reproduzco un extracto del interesante libro que relata parte de su vida: 

La Vida de Pete Rose

El Béisbol hay que jugarlo como Hombres. 

Es conocido como "Charlie Hustle", pero es algo más que un jugador de béisbol rápido y admirado como su apodo lo indica. Es una leyenda. La gente no va a ver el juego, sino a verlo a él jugando.

Nueva York. 24 de Febrero.

Esta era la noche que Nueva York estaba esperando. Era la noche de la cena de los escritores sobre béisbol, en Nueva York; un evento que iba a reunir a Mickey Mantle, Joe DiMaggio, Whitey Ford y Willie Mays.

También nos íbamos a reunir Bud Harrelson y yo. Era nuestro primer encuentro desde aquel día en octubre de 1973 cuando peleamos en la segunda base, en el Shea Stadium, en el tercer juego del playoff, que por cierto lo ganaron los Mets.

Estaba en el banquete del Hotel Americano, para recibir el premio del Buen Muchacho, otorgado por los escritores de Nueva York. No era broma. A ellos les gustó como me manejé en medio del problema con Harrelson y les gustó también el yo haber sido siempre honesto y asequible para con los reporteros. La parte graciosa era que escogieron al propio Harrelson para que me entregara el premio. Se suponía que eso iba a ser muy divertido y yo tenía que quedar bien en este momento.

Tan pronto como vi al pequeño shortstop de los Mets, me levanté, lo abracé y le planté un gran beso. Esto era lo preciso, hubo risas, pero demostré que yo no estaba furioso con Bud Harrelson y que nunca lo había estado.

No voy a disculparme por todo lo que pasó durante el playoff de 1973. No me arrepiento de nada. No me arrepiento de la manera como me deslicé duro hacia Harrelson para impedir un doble play. Lo que siento es que eso no inspiró a mi equipo en el partido y dos días después ganaron los Mets de Nueva York. Jugué como se supone que debe ser jugado el béisbol; no iba a comportarme como una chiquilla. Se supone que debo darle a mis aficionados el pago del dinero que invirtieron y jugar duro. Todo eso es parte del béisbol, pero yo salté y golpeé a Bud con el codo, accidentalmente. Bud me gritó: "Gran carrizo, me pegaste con el codo".

"Vete de aquí", le dije loco con el score y el doble play. Vi que se venía hacia mí, pero yo no quería pelear; le hubiera podido dejarlo en el suelo, porque yo aprendí desde pequeño que si vas a pelear debes dar el primer puñetazo; si mi padre hubiera estado vivo me habría regañado por no haberle dado inmediatamente una buena paliza, pero yo no estaba furioso contra Bud ni quería problemas, tampoco quería que él me golpeara, entonces hice lo que me pareció más conveniente, lo sostuve fuertemente. De repente me di cuenta de que estábamos en medio de la defensa de los Mets, en segunda base, entonces pensé que lo único que podía hacer era tirar a Bud contra el suelo y así lo hice, pero, sentí un fuerte golpe en la espalda, un puntapié o un puñetazo. Lo único que supe fue que el replay mostraba a Wayne Garrett allí y adiviné que había sido él. Los bancos estaban vacíos y los bullpens corrían hacia la segunda base. Jonnny Bench estaba allí sacando a la gente. A mí me sostenía Ted Kluszewski, quizás el nombre más fuerte del mundo, no me podía mover estaba en buenas manos.

Pensé que todo había terminado, pero vi que Pedro Borbón, nuestro pitcher golpeaba a Buzz Capra, uno de los Mets sucede que Borbón es de muy mal carácter y se puso la gorra de Ios Mets, la de Cleon Jones. Borbón me dijo después: "Me puse la gorra y no supe lo que pasó". Tuve que reírme porque yo sí supe lo que pasó. Se quitó la gorra, la destrozó con los dientes y la tiró al suelo pedacito por pedacito, a todas estas. Jones el dueño de la gorra iba tras él recogiendo los pedazos de su gorra.

Todavía no terminó el zaperoco. Los aficionados estaban como locos, tirando al campo todo lo que podían; una botella de whisky me pegó en la cabeza y a Gary Nolan lo golpearon en la cara con una lata de cerveza a medio llenar. Sparsky Anderson, nuestro manager, sacó el team del campo; empezó a dar noticias para aquietar al público, fue peor; Chub Feeney, el Presidente de la Liga Nacional, corría de aquí para allá. Finalmente se mandó una delegación de paz y los Mets enviaron a Willie Mays, Tom Seaver, Cleon Jones, Rusty Staub y Yogi Berra. Al día siguiente decía Red Smith, columnista de deportes en el NEW YORK TIMES: "Berra era un Kissinger en pantalones cortos".

El niño Pete Rose, siendo "La Mascota" del equipo de fútbol americano semi-profesional de su padre.

Por fin se logró la paz, aunque todo el mundo estaba preocupado el umpire me mandó para el center field. Yo estaba angustiado, imagínense, nosotros jugando por el gallardete de la Liga Nacional y me sacaron de mi posición. Pensaron debilitar a los Rojos de Cincinnati por la conducta de los aficionados. Pensé: este no es el modo.

Perdimos el juego y los aficionados estaban furiosos, el playoff iba 2-1. Los Mets querían que Harrelson y yo nos diéramos la mano en el cuadrangular. No, eso hubiera sido un desastre. Allí estábamos para ganar. Este juego estará siempre en mi memoria, porque yo no jugaba solamente contra los Mets, sino contra toda la ciudad de Nueva York. Había 53.000 aficionados vitoreándome cuando con un hit en el duodécimo inning ganamos el juego; de todas maneras perdimos el playoff y el último juego fue una nota triste. En el noveno inning tuvimos que detener el juego dos veces: la gente sacó a los propietarios de sus asientos. Lois Ballou, esposa del doctor del team fue golpeada, a Ann Buse la halaron por los cabellos. Cuando el juego terminó yo estaba en base, todos temieron por mi vida, pero llegué a la cueva a salvo corriendo a través de la gente que había invadido el campo. Bench había armado a todos mis compañeros con bates para que acudieran a rescatarme si se hacía necesario.

Así, pues, la temporada terminó con violencia, y llamando a Pete Rose, el gran fanfarrón. ¿Qué me reservaría el 1974?

Tampa. 27 de Febrero.

Bob Howsam, presidente de los Rojos de Cincinnati, sentado enfrente de mí, separados por su gran escritorio. Me dijo: “Nunca pensé que le ofrecería a un hombre 150.000 dólares por jugar béisbol para mí".

No jugaría por esa cantidad, yo quería un contrato por 160.000 dólares, no del todo malo para un rudo muchacho de Western Hills, área de Cincinnati.

Me gustaba Bob Howsam, aunque había tenido ciertas dificultades con él en otros tiempos. Dos veces había tomado lo que merecía, eso no le gustaba, pero en béisbol hay que hacer lo que se puede, nunca se sabe lo que está al cruzar la esquina. Me acordaba cuando en 1972, cuando me dijeron lo importante que era firmar el contrato para los Rojos en la próxima temporada, y ya Gary Nolan me había dicho haberlo firmado. El año peor fue el 1971. El año anterior yo había hecho 205 hits, 120 carreras y 15 cuadrangulares. Había roto los récords en Cincinnati y era la Gran Máquina Roja, mientras gané un premio. Por eso me imaginé que merecía un ascenso grande, pero no hubo ningún aumento. Me puse terco, porque quería mejor salario y las cosas se pusieron desagradables. Llegó al punto de que hice una llamada con mi agente consejero Hy Ullner, pero me contestaron de Florida que tenía que ir él personalmente.

Conseguí el aumento, decidieron dármelo de acuerdo con el costo de la vida, basado en lo que un jugador promedio podría hacer en las Grandes Ligas todo esto es pasado, ahora soy un hombre de Bob Howsam, y que gran presidente ha sido para los Rojos! En 1973 tuvimos más de dos millones de partidarios, lo que es una impresionante estadística en la historia del béisbol; además Cincinnati no es una enorme ciudad. Bob ama el juego y sufre si baja su popularidad.

Se preocupa mucho por el asunto salario: no cuando se refiere a Johnny Bench, a Joe Morgan, a Tony Perez ni a mí que ganamos cantidades de seis cifras cada uno, pero él piensa que esta tendencia puede acabar con el juego. Él no cree en contratos de varios años porque piensa que si el jugador es bueno vale la pena contratarlo de nuevo, pero si no sale bueno, lo mejor es dejarlo.

Siempre le hablo claro a Howsam, él aprecia mi facilidad para dirigir. Una vez me invitó a su hotel para desayunar, allí hablamos de qué se podría hacer para ayudar a Sparky, y también para aseguramos que Danny Driessen, estuviera contento con su contrato ya que era bueno por sus hits, quería estar seguro de que Danny no se volviera un problema.

Dos fotografías del niño Pete Rose aprendiendo a jugar béisbol. Tenía 7 u 8 años cuando ya podía batear la curva.

Tampa. 28 de febrero.

Cuando me levanté esa mañana vi que en el periódico decía: “Pete Rose firma por 158.000 dólares". Rápidamente me fui al diario a ver a Jim Selman y le dije: ¿Por qué me estás rebajando el sueldo?

Yo había conocido a Selman hacía tiempo. Empezamos a hablar del pasado; cuando jugué en Tampa en mi segundo año de pelotero y fue un récord del cual todavía estoy orgulloso: hice 30 hits triples, dos cuadrangulares y dos triples más en el playoff. Selman me preguntó ¿Cómo puedes recordar tan bien lo pasado, después de haber firmado un contrato por 160.000 dólares, como me cuentas hoy? Muy fácil, respondí, es muy difícil olvidar cuando ganaba cuatrocientos dólares al mes y tenía solamente dos pantalones y tres pares de medias. Sin embargo eran días buenos; recuerdo cuando gané el campeonato de la Liga de Florida y nuestro propietario decidió darnos algo para recordar ese día; nos regaló un yesquero a cada uno, y yo ni siquiera fumaba. Siempre había bromas, juegos, y risas, todos se mezclaban, estrellas y reservistas.

Los Rojos son un team grande y feliz. Por esa razón yo nunca pensé en "arbitración" para mi contrato. Naturalmente que lo haría si no llegaba a un acuerdo con la compañía. Yo no pensé en arbitración porque podía lastimar al team; pero para muchos jugadores era muy necesario. Por ejemplo para Don Gullet, nuestro joven lanzador; a él no le gusta argumentar acerca de sueldos, se consiguió un agente y el resultado fue un buen aumento; si hubiera estado solo hubiera firmado por menos; lo mismo Tony Pérez, consiguió el mismo agente, Jerry Kapstein y logró un contrato de seis cifras.

Empezamos nuestros ejercicios y te digo, que no son fáciles. Algunos clubes trabajan hora y media y se van para su casa. Pero los Rojos de Cincinnati, trabajan hora y media y después van a practicar. Siempre le digo a Sparky que es "El Exorcista" porque nos saca el diablo; a él le gusta eso.

Mis piernas rápidamente se pusieron duras y doloridas, empecé a pensar que me estoy poniendo viejo. Pero luego hay tiempo para divertirnos y bromear. Empezamos a hitear. Para eso es que yo vivo, aunque sé que mis manos se pondrán duras y con vejigas dolorosas, pero amo esa clase de dolores.

El Club Cívico de Sedansville de la Liga Cincinnati Knotobole. Pete Rose es el cuarto, de la última fila de atrás,  empezando por la izquierda y el último de la derecha de la fila de enfrente, es mi amigo vecino Eddie Brinkman.

Tampa. 2 de marzo.

iDiablos! grité con todos mis pulmones, salí de la jaula de bateo, con gran dolor en una pierna.

Dick Baney practicaba el lanzamiento, tiró fuertemente de un lado, la pelota eludió al bate, y viajó directamente hacia mi espinilla derecha, golpeándome con todo el impacto de un martillazo.

Sentí que se iba el dolor, tenía la pierna hinchada, me volvió a doler terriblemente.

Un aficionado me gritó: "Ponle hielo", eso era lo que me faltaba, y furioso le dije: "Tú crees que eso es lo que debo hacer, ¿Qué te parece si me froto con sucio?" Yo estaba tratando de ser sarcástico, pero él no me entendió, el doctor del team fue quien me respondió: "No es mala idea, sobre todo si es pantano húmedo".

Fui cojeando hasta la casa del club y seguí las indicaciones del médico. Me pusieron hielo y ya quedé fuera de juego todo el día. Ironías del destino, cinco minutos antes, vi a Dave Concepción que venía con un tobillo roto y a Joe Morgan que tenía algo en el talón, entonces dije a Sparsky: "Somos el único team de béisbol que trabaja con doble play, tenemos un short-stop con el tobillo roto y un segunda base con el talón enfermo"; ahora tenía que pedir espacio para mí también.

Tampa. 3 de marzo.

Tony Pérez asomó la cabeza por la posada del Rey Arturo y mostrándome una caja de JB me dijo: "Ahora estoy listo para el entrenamiento de la primavera". También los jugadores de béisbol necesitan de cuando en cuando, su relax.

Tampa. 4 de marzo.

Estaba sentado en un bar con un reportero fotógrafo, hablando con el mesonero, cuando llegó un tipo a saludarme. Como siempre me estaban saludando no puse atención, pero de repente me di cuenta, lo reconocí; cuando yo era un chiquillo que jugaba en Tampa. Tommy tenía un bar en el Hotel Hillsorough. "Tommy. ¿qué pasa? ¿dónde estabas?".

"En la cárcel por cinco años", me preguntó entonces por mis compañeros de aquel entonces, Tommy Helms y Art Shamsky Empezamos a recordar te acuerdas cuando Shamsky y yo no podíamos pasar por el vestíbulo del hotel porque estaba allí el director y nos fuimos por la escalera de incendio. Alguien nos oyó y creyendo qua eran ladrones gritaban: "Párense o disparo y nos paramos". Entonces nos llevaron frente al director y nos dijo: "No los botó del béisbol porque lo que estaban era robando, vayan a dormir!!".

Este fue mi año de novato en 1963, cuando yo hiteé el jonrón contra los Mets que le dio a Jim Maloney su vigésima victoria en Polo Grounds, en Nueva York.

Tampa. 5 de marzo.

Estoy cansado de hacer mis ejercicios y de protestar. "Oakland no hace esto", grité y Larry Shepard, nuestro coach de lanzamiento vino y me dijo lo maravilloso que eran los ejercicios.

¿Tú crees que estás cansado? me gritó Johnny Bench, tendrías que estar conmigo todo el día para saber lo que es cansancio: práctica de bateo, correr, ejercicio, calentar los lanzadores... Respondí, quizás me cansaría si te siguiera por las noches.

Clay Carroll hace su trabajo próximo a mí, y cuando él esta cerca hay que reírse. El apodo de Carroll es Halcón y basta mirar su cara para saber por qué lo lleva. No es un intelecto. Viene de una granja de Clanton, Alabama, pero tiene el brazo con un cociente intelectual de 160.

Tommy siempre se estaba metiendo con Clay; cuando Clay compró un carro, Tommy dijo “Clay Carroll con un Continental es como ponerle zarcillos a un cochino", otra vez que Helms había hecho un memorable hit, Clay y otro amigo decidieron poner una gran X con adhesivo donde había sido el hit; cuando Helms lo vio dijo: "Tiene que haber sido Clay, porque veo su firma".

Tampa. 6 de marzo.

Cuando estábamos en los entrenamientos de Primavera, permanecíamos en la posada del Rey Arturo. Allí habíamos estado por 10 años. Es un lugar agradable. Teníamos dos cuartos, una cocinita. Esta vez traje a mi esposa Karolyn, mis dos hijos Pete de 4 y Fawn de 10 y mi suegra, quien probablemente fue quien más gozó de todos nosotros.

Después de la práctica estaba jugando con Pete, a quien llamo Gugüi, no me pregunten por qué. Mi hijo con un bate es feliz; pero yo no pienso empujarlo a ser jugador de béisbol, que sea lo que él quiera; pero yo se lo estoy enseñando y a él le gusta. El sabe hacer un hit mejor que cualquier muchachito de 4 años. Yo estaba lanzando y Pete bateando, cuando Joe Bowen, un scout de los Rojos que venía hacia el hotel dijo: "¡Diablo! ¿Quién es ese muchachito que lo hace tan bien?" Perdónenme si tengo un poco de orgullo paternal, debe ser igual al que mi padre sintió por mí.

He enseñado a Gugüi a usar la mano izquierda porque él es normalmente diestro y le seré muy fácil cambiar si aprende a usar la zurda. Esto es una gran ventaja y le doy las gracias a mi padre por haberme enseñado a usar las dos manos. Allá por los años de 1950, cuando yo tenia 9 años y estaba organizando mi primer team, él le dijo a mi manager: Quiero que aprenda a manejar la zurda igual que la diestra. Así en 1973 fijé mi récord con 181. El récord del mayor número de hits por un zurdo lo tiene Frankie Frisch.

Izquierda: Pete Rose junto a su padre; él fue quien lo enseñó a batear hits. Derecha: Pete Rose en el entrenamiento básico en el Fuerte Knox en Kentucky, en Novimembre de 1963, cuando supe que había sido nombrado el "Novato del Año" de la Liga Nacional. El sargento de mi pelotón Lester Axsom.

Tampa. 7 de marzo.

El entrenamiento de Primavera es una cantidad de cosas para una cantidad de gente, ¿para mí? Me concentro en trabajar... duro. Me encanta llegar a mi casa, al final del día, cansado; con mis manos doloridas de batear, con mis piernas doloridísimas. Me doy cuenta que no me he dejado vencer. Mi esposa y mis hijos nadan y a veces vienen a ver los juegos, al pequeño Gugüi le encanta.

El trabajo es muy duro, pero tiene que serlo. Estamos entrenando para una temporada de 162 juegos. Para llegar arriba, hay que estar en forma. Por lo general, después del trabajo, nos juntamos tres o cuatro y nos vamos a Florida Downs a ver las carreras de caballos; otras veces vamos a las carreras de perros o al jai alai. Lo fastidioso es cuando la gente no nos deja estar solos.

A veces estoy entusiasmado llevando a un perro que va al frente, bueno, realmente lo más cerca que he llegado es de cuarto; pero llega alguien y me dice: "Hola, ¿tú eres Pete Rose, no? —Sí, respondo— Entonces dime ¿cómo haces esos deslizamientos que me gusta tanto ver? ¿Te lo enseño aquí o en el concreto? —No, fírmame mi programa y cuando me doy cuenta ya son varios y no puedo seguir con mis carreras.

Otros jugadores hacen fiestas con sus familias, o juegan golf; yo no tengo paciencia para jugar golf, me gusta el tennis porque tiene bastante acción. Sin embargo, gané en el golf contra John Havlicek de los Celtas de Boston. Después de 8 hoyos, John tenía 54 y yo 55. En un hoyo, caí en el agua y la bola se fue al otro lado, de manera que para el final yo estaba retrasado y se jugaban doscientos dólares. No sé como hice, pero le gané por dos golpes.

En tennis también le gané a Karl Schranz. Se suponía que él era mejor, porque yo solamente había practicado tres meses, lo mismo sucedió con Jim McMilliam el gran jugador de basketbol de los Bravos de Bufalo. Estuve bien en levantamiento de pesas y muy mal en natación, cuando terminé ya todo el mundo había salido de la piscina, sentí que todo me daba vueltas como en una fiesta de Año Nuevo en Nueva York.

Bradenton. 9 de marzo.

Danny Driessen hizo dos hits hoy, cuando le ganamos a los Piratas 4-2. Pero esto no es raro, casi todos los días, Danny hace 2 hits. Creo que es el mejor de los jóvenes bateadores. El año pasado hizo 409 hits; en lndianápolis cuando lo llamamos y luego hizo 301 para nosotros. No es malo para un muchacho que viene de no se sabe dónde. Nunca jugó béisbol en su escuela; dice que su hermano mayor Bill es el mejor jugador de pelota.

La manera como entró Danny en los Rojos es muy graciosa; sucedió que un maestro de escuela de Hardeeville, Carolina del Norte, a 30 millas del hogar de los Driessen, quería ayudarlos a jugar y los iba a buscar para que jugaran en el team de los domingos y los llevaba de nuevo, un día este maestro escribió a los Reds describiendo específicamente a Bill como excelente jugador y como al azar mencionaba a Danny como catcher y outfielder. Los Reds escogieron a Danny que tenía 17 años, le mandaron un ticket de avión y un anuario. Quizás la mejor inversión que hayan hecho los Rojos. Luego Danny contaba que llegó tarde, perdió el avión y tuvo que venir en autobús. Me preocupa ese muchacho. Siempre ha sido hombre de primera base y ahora lo están haciendo ser de tercera, todavía no se maneja bien. Quizás nos cueste esto algunos juegos, pero su bate lograra lo mejor.

En un ventoso día de Enero de 1964, en la iglesia de St. William en Cincinnati, Karolyn Ann Engelhardt se volvió la señora de Pete Rose.

Tampa.12 de marzo.

El otro día, cuando jugábamos contra los Piratas, estaba yo junto al cuadrangular. Danny Murtaugh, el manager de Pittsburgh botaba un salivazo de tabaco. Una escritora de lndianápolis, Susan Lennis, se puso a hablar con él. Escupió su jugo de tabaco entre los pies de ella, sin ensuciarla ni con una gota. Eso se llama exactitud. Mascar tabaco es actualmente un arte perdido. No se encuentra en las Grandes Ligas nadie que lo haga. Yo no lo hago tampoco. Pero tenemos algunos que sí, que empezaron cuando Ted Uhlaender nos vino de los Indios de Cleveland. Éste amaba su tabaco; siempre tenía su tabaco en la boca. También tenemos a Alex Grammas, nunca escupe, quién sabe qué hará con el jugo, lo mismo Bench y Andy Kosco, pero éste tiene un gran problema, no puede batear con su mascada en la boca; así, cada vez que Sparky le dice que es su turno, un poco de saliva de tabaco sale de la cueva, y ya todos saben quién va a ser el bateador.

Don Lock de los Filis de Filadelfia, siempre tiene una mascada en su lado izquierdo; el otro día recibió un pelotazo y el doctor dice que fue el tabaco el que lo salvó de un daño más serio. ¿Quién dice que el tabaco es dañino para la salud? No. Don Lock, ciertamente.

Tampa. 14 de marzo.

No he practicado suficiente bateo últimamente. Una cantidad de jovencitos están haciendo hits. Un día le dije a uno de ellos: "No trates de abarcar todo. Fíjate en mí" entonces hice un hit a la izquierda, otro al centro, otro a la izquierda. "Todo está en nuestras manos, usa tus brazos"; observé que no me estaba poniendo atención. Todo el tiempo que estoy haciendo hits, estoy hablando y enseñando. Un grupo de las ligas menores oyen siempre con atención, pero no el muchacho a quien estaba hablando. Finalmente él le pregunta a uno de los muchachos que había venido a oírme: ¿Quién es ese? Ese es Peter Rose le contestan. Entonces empezó a poner mucha atención y a preguntarme. Eso me hizo sentir bien. Me parece que he ayudado a este joven y quizás a los Reds de Cincinnati.

Gary Peters y yo tuvimos algo en común en el entrenamiento de Primavera en Florida, 1964; trofeos que nos designaron como los Novatos del Año de las Ligas Nacional y Americana. (Foto: Jack Klumpe. Cincinnati Post y Time Star).

Tampa. 17 de marzo.

Gary Nolan no ha lanzado una bola dura en toda la primavera y eso es una lástima. Cuando él se siente bien, es magnífico en el béisbol. Tenía 12 juegos de experiencia en las ligas menores cuando vino a las Grandes. No era malo su score para sus 19 años, pero él se lastimó un brazo. Recuerdo el primer año que estuvo Nolan con nosotros. Larry Jansen el coach de los Gigantes dijo: "No puede durar así. Se va a lastimar el brazo. Y así fue, en la próxima temporada ya le dolía y en 1969 estaba muy mal".

Nolan había luchado duramente para llegar a las Grandes Ligas, en 1970 nos ayudó a ganar el gallardete. Naturalmente su brazo le dolía mucho al final de la temporada. Valía la pena verlo en 1972, en All-Star ganó 13-2 pero su brazo iba peor. Terminó la sesión con un récord de 15-5 y un promedio de 1.99 de carreras permitidas. En 1973 estaba desanimado. Trató todo remedio: inyecciones, píldoras, calor, ejercicio, se curó un absceso en el diente con la esperanza de mejorar el brazo, nada. En el invierno pasado, después de lanzar dos veces en 1973, trataron de matarle el nervio con una aguja eléctrica. Lo único que queda en la cirugía, pero eso significaría perder un año de lanzador. Gary vino y me dijo: "Pete,…He estado muerto año y medio y todavía no me han hecho el funeral". Trágico y tiene solamente 25 años.

Temporada de 1965. Estoy rodeado de izquierda a derecha por Tommy Harper, Vada Pinson, Chico Ruiz y Frank Robinson.

Tampa. 19 de marzo.

Este es el día esperado por todos. Esta tarde en St. Petersburg irán los Rojos de Cincinnati contra los Mets de Nueva York por primera vez desde octubre pasado. Tom Seaver lanzará por Los Mets, pero yo no voy a jugar, primero por mi pierna, segundo, porque quiero trabajar más en el bate y tercero porque me gusta hacerlo en televisión, es más divertido. Harrelson de los Mets y yo somos amigos de nuevo, sólo tengo resentimiento todavía contra Wayne Garret, en este año debo cobrarle el golpe que me dio en la espalda. Estoy esperando ser el primero cuando Morgan indique la derecha. Lo dejé en la cueva.

Vero Beach. 20 de marzo.

Ya no es marzo todo para mí, jugamos contra los Dodgers e hice tres hits; esto me hizo feliz, aunque ganaron los rivales 5-3.

Podía haber hecho 4 hits. La verdad es que los Reds necesitan reuniones porque estarnos cometiendo muchos errores. Hal King no pudo agarrar frío detrás del plato, Merv Rettenmund y Ken Griffey dejaron una pelota caer entre ellos. Merv ahora es centerfield, yo lo agarré a un lado y le dije que recordara que ahora es centerfield. A Ken le falta experiencia en las Ligas Mayores, tiene talento pero le falta mucho que trabajar; como hoy que estaba en primera base cuando Dave Concepcion hizo un hit de 10 pisos de alto, Griffey corrió y no miro hacia atrás. Llegó a la segunda, se paró y finalmente vio la pelota y ya no podía retroceder. Fue doble out.

Karolyn y la bebé Fawn fraternizan con los jugadores en la primavera de 1965.

Tampa. 21 de marzo.

George Zuraw scout de los Reds es un tipo con quien provoca sentarse a conversar. Conoce jugadores y puede detectarlos como nadie, uno de los jugadores de pelota que él detectó hace pocos años era un muchacho llamado Rose. Estaba en Pittsburgh cuando le recomendaron negociar con Willie Stargell o Pete Rose. Allí estábamos en las ligas menores Stargell en Asheville, Carolina del Norte en la Liga Sally y yo en la Liga de Florida en Tampa. Stargell ya lucía como una estrella y yo como un niñito que sólo tenía rapidez. Phil Seghi mi director dijo que yo no podía lanzar, ni batear ni correr, lo único que puede es empujar. Zuraw vio algo más, vio que yo podría traer mucha gente al parque y que haría una gran cantidad de dinero en el béisbol.

Esas son las palabras que hacen bien y también lo hacen sentirse a uno un poquito viejo. Especialmente cuando yo vuelvo la vista hacia atrás, hacia el momento en que firmé mi primer contrato con los Rojos, yo era lo que se puede llamar un riesgo.

Hice el bachillerato en cinco años, porque jugué toda clase de deportes, cuando terminé el segundo año, me pareció que mejor que ir a la escuela era jugar fútbol y béisbol; yo era un muchacho muy delgado, y quizás no me habrían aceptado los Rojos, pero mi tío Body Bloebaum habló con Phil Seghi. Me fijaron 7.000 dólares para empezar y otros 5.000 dólares si duraba 30 días en las ligas mayores.

Tampa. 22 de marzo.

Duermo muy bien. Estaba en uno de mis mejores sueños después de haber terminado nueve innings contra los Phillies, cuando repicó el teléfono; era un amigo, no un amigo íntimo, pero sí uno de mis compañeros de la Posada del Rey Arturo quien me participaba que había sido hecho prisionero por manejar ebrio y necesitaba 500 dólares que tenía en su casa, pero que no podía buscarlos. Me levanté y me fui con Buddy, el portero. Por si acaso era una trampa y me acusaban de ladrón, conseguí el dinero y lo saqué de la cárcel. Volví a acostarme, afortunadamente al otro día llovió mucho y no jugamos. Me fui a las carreras de caballos en Honda Downs, un poco expensiva la manera de pasar el día libre.

Pete Rose sobre Ron Brand, de los Astros de Houston, en camino de un doble-play en Houston, en 1965.

Tampa. 23 de marzo.

Hoy, me desempeñé como hombre de diarios. Un verdadero periodista. Todo empezó cuando vine del baile con mi esposa. Karolyn se ha vuelto una celebridad, dando su show de radio, hasta quieren que dé conferencias. Estos dos muchachos Pete Alexis y Dennis Greulle son de un nuevo deportivo que va a ser semanal en Cincinnati, y se va a llamar "Los Rojos Alertas". Conozco a los muchachos; ellos en enero habían hablado con su agente Ann Smith, pidiéndole que yo hiciera una columna. Ann aceptó, pero quería más dinero del que ofrecían y no llegaron a un acuerdo. Entonces se dirigieron directamente a mí y así hice contrato con ellos, voy a hacer una columna sin dinero.

Tampa. 25 de marzo.

Hoy supe que ellos le habían ofrecido a Ann cinco billetes grandes, me puse furioso, yo tratando de ayudar, les dije ¿Cómo le ofrecieron a Ann 5.000 dólares y cuando hablaron conmigo no me dieron nada? Llamé a Ann y ella lo consiguió, el 20% de anuncios y un dólar por suscripción. Todo lo que hago es una columna semanal. Digo quién debe ir en la portada y cuál de las esposas debe ser entrevistada.

Orlando. 26 de marzo.

Por poco mato a alguien hoy. Sentí que se me volteaba el estómago y mi corazón se hundía. Por un instante pensé que había matado a Joe Decker, el bueno y joven lanzador de los Mellizos de Minnesota. Había un out cuando vine al plato. Tiré uno por el medio, con gran fuerza. Decker no la vio venir. Pegó en su cabeza y siguió hasta la cueva de los de Minnesota. Cayó como golpeado por una bala. Con dos pulgadas más abajo, le hubiera golpeado en la sien y habría muerto. Corrí a la primera y luego a ver cómo estaba. Estaba consciente  pero no sabía qué había pasado. Recordé a Herb Score, casi perdió un ojo y arruinó su carrera cuando Gil McDougald de los Yanquis de Nueva York lo lastimó. Quién sabe si sería oportuno mover la goma un poco más, porque es cuestión de tiempo que alguien salga gravemente perjudicado.

Lakeland. 27 de marzo.

Vamos en autobús, como en los viejos tiempos en la Liga de Florida; de Tampa para Lakeland, un juego contra los Tigres de Detroit. Estoy en el frente del autobús como siempre y en un lado está Andy Kosco. Está muy serio. Originalmente estaba con los Tigres. Ellos pensaron que iba a ser otro Al Kaline y le dieron bastante dinero, pero 14 años después, aquí iba a luchar contra los Tigres. Kosko en realidad, es muy simpático, nunca tiene una palabra desagradable para nadie y trabaja duro. Estuvo en la Universidad estatal de Youngson, tratando de graduarse en leyes. Hizo una jaula de bateo en su casa, tiene una máquina de lanzar, así en invierno, si no está estudiando, está jugando. "Yo no soy un superjugador y me doy cuenta. Necesito todas las ventajas que pueda conseguir. Por eso trabajo tanto durante el invierno, creo que eso me ayudará".

Y en verdad lo ayudó. Hizo 280 hits con 9 entradas al home, después que regresó, el 15 de junio. Lo pusieron como centerfield un día, yo estaba al izquierda, puedo correr, no seré un Lou Brock, pero hice 11.2 en la competencia de superestrellas, pero Kosko estaba en el centro y el rightfielder era Johnny Bench, eso era contra Pittsburgh y Bob Prince anunciaba el juego por radio y decía "Rose es el perro de presa de ese outfield".

Entrenamiento de primavera de 1966, después de que Frank Robinson fue vendido a Baltimore, luego de diez temporadas con los Rojos de Cincinnati.

Tampa. 29 de marzo.

La temporada empieza dentro de una semana y casi no puedo esperar. Cuando pregunto quién va a lanzar por Atlanta me responden que Carl Morton.

Tampa. 30 de marzo.

Sparky siempre logra lo imposible. Puso a Pedro Borbón justamente en el momento necesario y ganamos. Borbón es todo un carácter, es de la República Dominicana y tiene el brazo más maravilloso que se pueda encontrar, incluyendo a Mike Marshall, no cuida su brazo como lo hacen otros y hasta hace de barbero en el team.

Le encanta lucir la fuerza de su brazo, en 1969, en el Fenway Park de Boston, lanzó una bola hasta la pared del Center Field a más de 400 pies y en 1972 quería pegar al techo del Astrodome y estaba en segunda base; ya casi estaba para hacerlo cuando el coach de lanzamiento Larry Shepard casi le dio un ataque al corazón y lo hizo detener. Cuando estaba en la Asociación Americana apostaba que se podía arrodillar en lo más profundo del center field, sus pies contra la pared y lanzar la pelota en un fly hasta la segunda base.

Tampa. 1 de abril.

Tony Perez tiene 5 días sin jugar lo encontré sonreído como siempre, pero cuando le dije: ¿Cómo puede un jugador tan lento halar un músculo? me respondió una palabrota en español.

Tampa. 2 de abril.

Falta solo un juego para el entrenamiento de Primavera, me encantaría hacer hoy dos outs; Morgan me dice que no me preocupe que en Riverfront cuando se abra la temporada será tan diferente como la noche del día. Yo quiero hacerlo muy bien en esta temporada, parte por el incidente en el playoff y parte por el MVP, me fastidia que digan que no debía haberlo ganado yo sino Willie Stargell; además creo que este es el año propicio para los Reds de Cincinnati.

Tampa. 3 de abril.

El béisbol no siempre es un juego feliz, tiene muchos momentos tristes. Mañana empieza la temporada y vamos a jugar sin Gary Nolan, Joan Hague, Hal King, Dick Baney. Nolan sigue con el hombro enfermo, Hague y Stahl fueron despedidos, Hague no entiende por qué el año anterior jugó muy bien; King y Baney se fueron para India, no entiendo la razón.

Cincinnati. 4 de abril.

Día de empezar la temporada 1974, es el nonagésimo-noveno (99) día de empezar para los Reds; para Pete Rose es el duodécimo (12). Es más que un día de juego, es un día de fiesta para Cincinnati, no hay clases, hay bandas musicales y paradas. Es raro que haya juego hoy, hace unos días hubo un terrible huracán que pasó por Cincinnati, medio destruyó a Dayton, hubo muertos y propiedades dañadas.

La estrella del día era el N° 44 de los Bravos de Atlanta: Hank Aaron. Había mucho dinero para pelotas en home-run 714 y 715, ya sabemos que Henry Aaron golpeó hoy su 714 home run contra los Reds. Lo hizo contra Jack Billingham, empatando el récord de Babe Ruth; yo también pegué en la pared de concreto, pero la pelota se fue detrás de la valla; eso no me gustó como tampoco me agradó nada lo que le pasó a Jack Billingham, porque él sabe lanzar; el año pasado ganó 19 juegos y no merecía ese hit 714 de Aaron. Para empeorar las cosas interrumpieron en Juego para una ceremonia con Jack perdiendo 3-0.

Presentes en el juego estaban Bowie Kuhn y Jerry Ford, vicepresidente de Estados Unidos, quien siempre decía: "Si yo hubiera jugado en los Tigres de Detroit me hubiera labrado un nombre como pelotero, había sido centerfleld en la Universidad de Michigan y había jugado como tercera base en el team de la Casa de Representativos". Ford felicitó a Aaron diciendo que era un gran día para el béisbol.

Hubiera podido ser en verdad un gran día pero fue estropeado porque los de Atlanta querían hacer un minuto de silencio para recordar el sexto aniversario de la muerte de Martin Luther King y Dick Wagner el vicepresidente de Cincinnati dijo que el Club no tenía por qué meterse en asuntos políticos y que los aficionados habían ido a divertirse y que no lo haría ni por Kennedy, ni por Lincoln, ni por nadie.

San Francisco. 7 de abril.

Aaron de los Bravos de Atlanta hizo su cuadrangular 715, esta vez contra Al Downing, tanto Billingham como yo lo vimos por televisión, yo creo que la gente no se da cuenta de lo grande de ese récord de Aaron. Pensemos que si un tipo jugara 20 años, tendría que hacer 35 jonrones por año, para llegar a 700, y ¿quién va a jugar veinte años? Con el dinero que se gana ahora nadie tiene que jugar tantos años.

San Francisco, 9 de abril.

Hoy estamos jugando contra los Gigantes, ellos tienen a Gary Matthews como el Novato del Año, eso me recuerda a un rudo y engreído chiquillo que diez años atrás fue nombrado el Novato del Año: YO.

Mi temporada de novato en las grandes ligas en 1963 fue muy dura; Don Blasingame era segunda base, después de un juego de exhibición. Fred Hutchinson me dijo que podía irme, pero Mike Ryba me insinuó que me quedara, así lo hice y empecé a ganar, pero los muchachos del team no me querían, especialmente Gene Freese, Eddie Kasko y Bob Purkey; no cuadraba yo en el team porque no era hombre de saco y corbata; los únicos que me trataban eran Frank Robinson y Vada Pinson, por eso siento todavía tanto respeto por ellos, me trataron como a un ser humano. Nunca olvidaré una noche en Chicago cuando me fui a acostar después de las 12 de la media noche, encontré que Jim Coates mi compañero de cuarto me lo había cerrado, fui a dormir en el cuarto de Vada, porque su compañero Frank estaba en Cincinnati. Fue la primera vez que me trajeron el desayuno al cuarto, costó 12 dólares y Vada los pagó. Al día siguiente no quise decirle nada a Coates, no quería disgustos, y así fue todo el año. Luego me acusaron de andar con los jugadores negros solamente y yo le expliqué al propietario de los Reds, Bill DeWitt que eran los blancos lo que me huían y que para mí, más compañeros no eran ni negros ni blancos sino personas. Menos mal que a los dos años vinieron jugadores diferentes como Tommy Helms, Tony Pérez, Chico Ruiz y Dave Bristol.

San Francisco, 10 de abril.

Siempre había oído llamar a esta ciudad, “El País del Oeste", pero la verdad es que es el lugar más frío del mundo: es casi imposible jugar aquí con este viento tan fuerte golpeándote en la cara. Antes había grama pero hoy tenemos sucio que se levanta con el viento; los aficionados envueltos en ponchos y chaquetas. Increíble que hacia abajo en la costa, la temperatura sería de 86 grados Farenheit. Si quieres tener un buen asiento debes subir unos dos mil escalones, con razón que la gente que va grita horrores. La gente cree que porque pague puede hacer lo que quiera, tiran latas de cerveza y de todo, la policía no puede hacer nada, además no están armados. A mí no me importa que me piten y me silben, por lo contrario eso me anima. En esta serie hice 5 hits en 13 turnos, lo cual no es tan malo, con razón Sparky dice que ojalá me pitaran todo el año. Perdimos 4-3.

Atlanta. 12 de abril.

Hoy supe que la Liga Mundial de Baseball quiere darme 100.000 dólares en efectivo y 200.000 dólares al año por ir a su team en Columbus. Puede ser una trampa como le sucedió a Ron Santo; de todas maneras yo no firmaría con ningún otro team sino por un contrato de tres años; ya en esta fase de mi carrera busco seguridad; además no quiero dejar a mi team, mucho menos después de haber ganado hoy 14-2 a los Bravos.

(Extracto del Libro "Charlie Hustle" sobre la vida de Pete Rose, escrito por él y Bob Hertzel conjuntamente).

Revista "Deportes", Año 1979, Caracas, Venezuela.

Espero que les hayan gustado todas las informaciones que el mismo Pete Rose confiesa en ese libro autobiográfico de su vida, co-escrito por el periodista Bob Hertzel, en el año 1975 y desconocidas por muchos aficionados del béisbol.

Miguel Dupouy Gómez.

domingo, 3 de enero de 2021

La Vida de Víctor Davalillo: Sus Inicios

 

Portada del artículo sobre los inicios de Víctor Davalillo, escrito por Zaidi Goussot M., en la Revista "Deportes", el año 1980. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Comparto con los amables lectores, un extracto de un trabajo y entrevista realizada por Zaidi Goussot M., sobre la vida del gran pelotero venezolano, Víctor Davalillo, máximo hiteador de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP), con 1.505 indiscutibles. En este caso, "Vitico" nos habla de sus inicios y las difíciles circunstancias que afrontó para llegar a ser pelotero profesional.

A continuación, reproduzco el interesante trabajo, poco conocido, publicado en la revista "Deportes", el año 1980, sobre sus comienzos deportivos en nuestro país:

La Vida de Víctor Davalillo

Para llegar siempre hay que dar el primer paso 

Todo comienzo tiene sus tropiezos cuando detrás existe un gran porvenir. "Mi niñez fue la mejor de todas -dice Vitico Davalillo- y no me quejaré jamás de mis padres ni la convivencia y receptividad que encontré en mi hogar". Los primeros pasos de Vitico en el béisbol y la primera etapa de su vida es lo que ahora trae la Revista "Deportes" para sus lectores. 

Por: Zaidi Goussot M. 

Fotos: Trino Garriga y Archivo.

Ya a la madrugada, cuando parecía que esa noche ya no sería, volvieron repentinamente los dolores, “¡Ay! Nicolás, creo que ahora sí voy a parir, mejor será que le avises a tu papá" —dijo la mujer con voz casi llorosa pero muy erguida—. "No sé por qué una mujer tan experta como yo en eso de parir, a veces se pone tan cobarde". Tal vez se trataba de que en esos momentos estaba a punto de nacer un niño que haría historia dentro del deporte, no zuliano ni venezolano, sino internacional.

En el hospital, un grito vibrante anunciaba que nacía otro varón más  y por supuesto otro dolor de cabeza para doña Angelina que con tantos machos, Io que quedaba era resignarse a pasar sustos gratuitamente:

-Mira, Angelina es varón —dijo don Martiniano— ¿y cómo le vamos a poner a éste?

—Bueno “mijo" por ahora no sé, o mejor, —prosiguió la madre— ¿Por qué no le ponemos Víctor?

—Me parece bien a ver si éste sale más fundamentoso, pero además le vamos a agregar José, así me gusta más, Víctor José como el santo, a ver si lo protege y se porta mejor que estos otros díablos los que tenemos en la familia -concluyó el padre don Martiniano, ya más complacido.

Pero recién empezaban los problemas y dolores de cabeza que les daría el Víctor, quien apenas aprendiera a caminar, ya se escaparía de la casa junto con sus hermanos.

Justamente en el Hospital de la Mene Grande, empresa para la que trabajaba el padre don Martiniano Davalillo, fue donde vino al mundo el larguirucho pequeño de dos kilos y medio, con la piel bastante arrugadita y en un quirófano que no habían conocido sus padres, los cuales no nacieron en un hospital sino en su casa, allá en la población de Churuguara, donde también concibieron al mayor de los hijos.

Pero ahora le correspondía utilizar los servicios de un moderno hospital ubicado en Las Tuercas, justamente mirando al grandioso Lago de Maracaibo. El hospital donde nació Víctor José Davalillo fue construido a media cuadra del Lago de Maracaibo, como para que no le quedara duda a nadie de la zulianidad del pequeño.

En 1939, cuando vino al mundo Vitico, el maraco, las cosas eran muy distintas. Existía esa colaboración familiar en la que no se presentaban intrigas y rencores que ensombrecieran esa relación, el problema de uno era el problema de todos. Los vecinos siempre tenían a la mano una solución conjunta de los problemas del pueblo y por supuesto, la diversión sana ocupaba el 99 por ciento de la forma de ser de los niños y jóvenes del pueblo en el que nació nuestro personaje, nuestro pequeño personaje, que dejo de ser pequeño para figurar en los roles beisboleros desde temprana edad.

Primera fotografía publicada de Víctor Davalillo, cuando defendió al Zulia en el Campeonato Nacional Doble A de San Cristóbal, Edo. Táchira, Venezuela. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

EL PRIMER SUSTO

No habían transcurrido muchos meses después que Víctor cumplió los dos años, cuando lo llevaron de emergencia al médico para que dijera qué era ese abultamiento que el niño tenía en la parte baja del cuello.

Esto es muy peligroso —contestó el doctor Rodríguez. Lo que el muchacho tiene parece un tumor. Y no quisiera asustarlos pero está incrustado en la arteria aorta.

—Doctor -—preguntó el señor Davalillo- ¿Eso es muy peligroso?

-Tanto, que si ustedes no me autorizan yo soy incapaz de operarlo porque ese niño se puede quedar en la operación -—enfatizó el médico.

—Opérelo doctor, que yo le voy a ofrecer una promesa a San José para que nos lo devuelva sano y salvo de este hospital.

Y así fue. Víctor, o Vitico, le había ganado una batalla a la muerte, al salir bien de la operación peligrosa que le hicieron unos días después de la consulta médica. En otros países que para el año 1941 estaban más adelantados que Venezuela, quirúrgicamente, muchos pacientes habían muerto al extirpárseles tumores más sencillos que ese y el Vitico lo había superado con unos escasos dos años, en Cabimas y con un cirujano venezolano.

LA PRIMERA PÉRDIDA.

Nadie pudo creerlo cuando sucedió, todos los hermanos estaban muy exaltados. Su estado de ánimo cambió como un volcán, en ebullición. Don Martiniano Davalillo había sido asesinado dejando a su mujer con seis hijos pero en una soledad tan grande como la que debía sentir al perder su apoyo de toda la vida de casados que sostuvieron.

—Pero ¿Cómo pasó?

—Fue un americano que lo mató con un taladro. Todo estaba muy oscuro y quién sabe si lo confundirían y lo mataron —respondía un gran amigo del padre de 6 niños, entre ellos Víctor quien quedaba huérfano a los tres años.

Martiniano Davalillo se sentía desconcertado, pero en sus últimos momentos alcanzó a tranquilizarse porque dejaba a su vieja con varios hombres que podrían hacerle frente a la casa y la ayudarían a criar a los mas pequeños. Y realmente así fue. Nicolás, el mayor de los hijos, no tardó en asumir sus roles de "padre", preocupándose por la educación y comportamiento de cada uno de sus hermanos.

LOS TERRIBLES

El dicho de “Los varones a la calle" parecía cobrar fuerza en la población de Cabimas y en los pies de los hermanos Davalillo, que cada día estaban mas inquietos alborotadores.

UNA ESTUPENDA NIÑEZ

—Sin reprensiones reconozco que viví mi vida y no era porque me portaba bien, sino porque mi madre no nos estaba regañando sino algunas veces que nos portábamos demasiado mal. A los 7 años me acuerdo que formamos nuestro primer equipo de béisbol. Éramos doce muchachos solamente, pero suficientes, nosotros mismos organizábamos los juegos y conseguíamos nuestros bates y pelotas —comenta Vitico recordando su infancia.

—Una vez se nos acabó la caja de pelotas y cada uno tuvo que poner medio, los mas ricos pusieron un real y compramos suficientes pelotas como para finalizar la temporada —proseguía Vitico— pero la situación empeoró y ya no pudimos mantenernos por nuestros propios medios por lo que solicitamos ayuda a las Empresas de Cabimas que siempre ayudaban a los muchachos en el deporte, y nos donaban uniformes que llevaban el nombre del comercio en la espalda. También nos dieron los bates y los guantes que también guardaba yo como cuando me inicié a los 7 años, con la ayuda de mi hermano Pompeyo.

La combinación de atletismo y béisbol, con la ayuda del inmortal Torcuato Mileo, era fantástica y extensiva a todos aquellos que quisieran incursionar en el deporte. La Mene Grande, donde trabajó el padre de Víctor, también ayudaba a los muchachos organizándole sus campeonatos. Realmente era una niñez feliz.

—Señora Miguelina, por allá están los hijos suyos en el campo jugando de Tarzán, se van a "caee" fíjese que se están tirando de un árbol a otro, —gritaba uno de los vecinos horrorizado por la forma como se lanzaban los hermanos Davaiillo.

Los árboles parecían maticas y la tierra un agradable colchón al que se lanzaban como si se tratara de su propia cama.

—¡Víctor!, ¡Pompeyo!, ¡Nicolás!... vengan a acá, ¿Ustedes quieren acabar conmigo? Estos muchachos los voy a encerrar a toditos.

Pero los cabimenses lo que estaban constituyendo en ese momento era una fortaleza física que en un futuro les serviría para decir quiénes eran en realidad.

No tardó el Víctor en incursionar en el atletismo, impulsado por el profesor Mileo, aprovechando las ventajas que las compañías petroleras brindaban a los muchachos de la zona para promover el deporte. Fue esta la oportunidad que aprovecharon los hermanos para meterse de lleno al deporte, empezando por los cien metros planos, pasando por los 400 y llegando hasta los maratones que se cumplieron en el territorio zuliano.

Ya empezaba a hacer ruido y alborotar en el publico, el apellido Davalillo con los dos veteranos que en poco tiempo conquistaron las pistas gracias a sus condiciones físicas bien adquiridas con ejercicios naturales que sólo los libres jóvenes del campo pueden poner en práctica.

Fue justamente con la inclusión de Pompeyo, en el béisbol amateur, como Víctor se decidió a jugar este deporte. Realmente le gustaba el comenzó con buen pie dentro el amateur. A los 14 años podía hablar de su brazo como pitcher y la garantía que representaba para el equipo con el que jugaba.

Víctor Davalillo y su hermano Pompeyo Davalillo, conversando. Pompeyo viajó con urgencia a Maracaibo, Edo. Zulia, Venezuela, para convencerlo de la importancia de regresar a jugar con los Leones del Caracas. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

NO TODO PODÍA SER COLOR DE ROSAS

Pompeyo tuvo la suerte de incursionar en el Béisbol profesional al lado del equipo Caracas, con buena efectividad y logrando un lugar representativo dentro del team. Pero cuando trató de llevar a Víctor con él, surgió la figura del "padre" escondido en su hermano Nicolás, quien trató de impedirle que impulsara al hermano menor hacia la carrera de pelotero. Nicolás deseaba algo mejor para Víctor y eso era la profesión de mecánico. Realmente, el muchacho estaba entusiasmado con su profesión automovilística, pero más le ardía en la sangre la afición de pelotero y dentro de ella como pitcher.

TRES LIDERATOS DE ENTRADITA

Justamente, justamente en el campeonato de La Salina, cuando tenia 17 años en 1956. Víctor probó sus condiciones como pitcher y cuarto bate. En ese campeonato combinó una barrida en tercera, un hit para impulsar la carrera del empate, y un jonrón que decidía juegos alternándolos con la venta de leche y las clases de mecánica automotriz supervisadas por su hermano Nicolás.

La situación no estaba buena, había que presentarse en el campo, pero también había que aportar la contribución a la casa, si era de vender leche, eso había que hacer. Y nada menos que en tierra zuliana, la multiplicación de los costos hacia mas difícil la manutención de la familia por lo que el trabajo era indispensable. Por esa vez le tocaba dedicarse a la venta de leche y debía hacerlo.

Pero nada era comparable con el béisbol. Había que experimentar la sensación de ponerse un uniforme para salir a calentar y colocarse en la lomita a dominar bateadores en fila con escasas excepciones.

Al final del campeonato los resultados no se hicieron esperar:

—¡Atención señores! —se escuchó una voz por el parlante-— Champion bate: ¡Victor Davalillo! Champion Jonronero: ¡Víctor Davalillo! Champion empujador: ¡Víctor Davalillo! El Champion pitcher no se lo dieron porque cometió un error imperdonable por lo que el equipo contrario ganó un juego.

Su actuación le valió la selección para representar al equipo cubano en el campeonato nacional a realizarse en el Estado Táchira. Ahí, al lado de Régulo Reyes, dio muestras de lo que es ser buen pelotero con una novena dirigida por el "Carrao" Bracho.

Las ansias no se dejaron esperar, se orientaban hacia la posibilidad de Vitico para el profesional, pero el muchacho sabia que no podría hacerlo porque su hermano Nicolás quería que se especializara estudiando una profesión que le asegurara el futuro. Ya llevaba primer año de especialización en motores diesel y no debía abandonarlo hasta no terminar.

Pompeyo trató de hacerle ver que el béisbol también era una profesión y que podía ganar mucho dinero pero resulta a importante que se dedicara a lo que realmente le gustaba.

—Víctor, date cuenta de que si te metes de lleno en la pelota, puedes conseguir un buen chance, recomendándote con el Negro Prieto. —intentaba sus mejores argumentos Pompeyo.

—Eso no es así Pompeyo, recuerda que Nicolás se va a poner bravo, tú sabes que él quiere que yo estudie mecánica.

Pompeyo sabía que ganaría la partida, pero le costaría lograrlo.

Después de hacer un viaje especial a Cabimas a tratar de convencer al muchacho que ya era doble A y prometía asegurarle el futuro a cualquier novena, no quería regresar a Caracas con las manos vacías.

Varios días le costó convencerlo. Y mientras Vitico comía, Pompeyo se sentaba a la mesa a hablar con él. Acostumbrado a las comilonas que doña Miguelina solía servirle, Vitico separaba su atención de la conversación para acordarse de cuando era pequeño y en esa misma mesa en a que estaba a punto de decidir su futuro, recordaba cuando su madre le daba con un palo por donde lo agarrara, para que perdiera la maña de tomar las cosas con la mano izquierda.

—A palo vas a aprender —decía doña Miguelina—, no sé de donde le salen a ese muchacho esos inventos tan raros, aquí nadie ha sido zurdo, para que venga éste a salirme con que quiere ponerse al revés de los demás, pero por mí no va a quedar. Le voy a decir a tus hermanos que te vigilen allá en la escuela a ver con qué mano escribes para que la maestra te regañe.

Y pensar que ahora eso representaba una ventaja para el juego que practicaba: un pitcher zurdo que bateaba a la derecha o a la izquierda; como para hacerle brotar los ojos a cualquier dueño de equipo.

Víctor no hallaba qué hacer, recordó que Pompeyo siempre había sido el hermano que más pendiente estuvo de él. "Cuando jugaba en el equipo infantil, era Pompeyo el que nos traía los bates para practicar y nos suplía lo que se nos acababa, bueno, -recuerda Vitico— siempre que pudiera, nos traía cuanto podía de la Capital. Nos auxiliaba dándonos indicaciones de lo que debíamos hacer para mejorar nuestras técnicas y nos asesoraba en el aprendizaje de jugadas. Ese Pompeyo siempre tuvo tiempo para ocuparse de nosotros. Me acuerdo cuando estuvimos organizando el campeonato de la Mene Grande con Pachencho Romero, entonces había alrededor de cincuenta clubes en Cabimas y todos eran buenos porque siempre había el asesoramiento de los entrenadores dispuestos a dar un consejo o a corregir a un muchacho que no estuviera jugando bien. Era de admirarse, porque después de algunos años, la actividad decaía en lugar de aumentar. Habiendo más niños, habían menos equipos y teniendo más dinero para patrocinar el deporte infantil, cada día se gastaba menos en la formación de éstos!

De una manera u otra, Víctor se sentía muy contento de haber tenido un hermano como Pompeyo que le hubiera tendido la mano cuando él quiso desarrollar sus aptitudes como deportista. Realmente le estaba agradecido y pensaba que Pompeyo no podía estar tan equivocado cuando le proponía un tipo de trabajo como ese. Pero hasta cierto punto, a Vitico le parecía un sueño poder trabajar en algo que para él era una diversión y no solo eso, sino que le pagaran por hacerlo.

Vitico sabía que posiblemente la familia no lo iba a tomar de una buena forma. Veía a su madre lamentándose de los deberes de la casa y a la vez alabando a Dios por haberle dado unos hijos tan buenos que en todo la ayudaban.

—La vida estaba muy cara, para estudiar había que hacer un esfuerzo, y grande. No todo el mundo lo lograba. El dinero aumentaba, pero cada vez que se conseguía algo extra, enseguida las cosas subían de precio y todo volvía a salir por donde entró.

La madre de los hermanos Davalillo, una experta en eso de administrar a seis varones, se las sabía todas porque de la casa no podía salir quien no hubiera hecho su oficio correspondiente. Después que terminaran con la casa podían irse a donde necesitaran, bien a jugar o a estudiar, pero primero cada quien limpiaba el reguero que hubiera formado porque la vieja era una sola y no la podían dejar acabarse.

—Qué raro, Miguelina —comentaba una amiga cercana a su casa— que esos muchachos le hayan salido tan hacendosos, prácticamente a “usted" no le hizo falta hembra.

—Yo tuve mis hembritas —recordó Miguelina Romero de Davalillo— pero el Señor dispuso llevárselas junto a dos de sus hermanos, un día salieron a pescar ahí al lago. Se me fueron los cuatro hermanos en el bote y como había corrientes, el bote se “volteó" y se ahogaron los cuatro. Pero mis hijos parecen reconocer que yo no puedo sola con todo esto y siempre me ayudan en lo que necesito. Es por eso que quiero un buen futuro para ellos y que se casen con unas buenas mujeres que los hagan felices en todo momento.

Víctor, que había escuchado esa conversación, ahora se sentía un poco mas cohibido de contarle su decisión a doña Miguelina, pero si ya estaba convencido de que debía partir a Caracas, en busca de nuevos horizontes, debía enfrentarlos y hablarles claramente. Pero no fue precisamente su madre quien se opuso rotundamente a su viaje a Caracas, fueron sus hermanos mayores, sobre todo Estanislao y Nicolás quienes le reclamaron “¿Cómo es eso de que vas a dejar los estudios para dedicarte a jugar pelota?" Acaso no te das cuenta de que ya llevas el primer año de tu carrera de mecánico? no puedes abandonarlo todo así, además ¿qué sabes tú si te va mal y después no tienes una profesión con qué defenderte? le comentaba Nicolás muy preocupado— Seguro que esos son inventos de Pompeyo que para lo único que sirve es para andar alborotando el avispero".

Y con un lenguaje muy “florido", los hermanos terminaron su alocución que culminó en una rabia de zuliano, que se extendió por unos dos años en los que ni siquiera el rostro le dieron a Víctor, mucho menos el habla y la consulta de cualquier tipo de situación. El pobre Pompeyo hacía las veces de Cristóbal Colón y también tuvo que soportar dos años de indiferencia por parte de su hermano Nicolás, quien al cabo de ese tiempo, terminó dándole la razón y devolviéndole el derecho a la palabra a Vitico el "maraco" de la familia.

Una vez que Vitico ya había tomado una decisión fue a preparar sus maletas para partir rumbo a Caracas con Pompeyo, quien a pesar de todo, estaba más contento que el propio Víctor.

Un joven Víctor Davalillo en sus inicios con los Leones del Caracas. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

La madre, doña Miguelina, parecía estarse desprendiendo de un niño de meses. “Se me cuidan bien, cuidado con lo que "usté" va a hacer por allá; no me he puesto brava porque le tengo mucha confianza, pero queda e su parte el no defraudarme y cumplir con todo lo que le estoy encargando. No se ponga a ver lo que otros hacen, haga lo que necesite sin ver la responsabilidad de los demás, yo sé que “uste" esté chiquito todavía y tiene que hacerle caso a Pompeyo en lo que él le diga".

-Pero mamá, ¿usted cree que me voy para siempre o que soy un carricito todavía?

—¡No me discuta!, yo sé lo que estoy diciendo y “uste" con hacerme caso tiene —-enfatizó la madre.

Víctor se quedó callado, terminó de hacer sus maletas y recogió algunas fotografías de sus hermanos que también incluyó en el equipaje. Le dio un beso en la frente a su madre que ya no aguantaba los lagrimones y le prometió volver en la primera oportunidad que tuviera para contarle como le había ido.

Al llegar a Caracas, el Víctor José no lo creía, estaba dando los primeros pasos que lo conducirían al profesional y no estaba soñando.

Cuando le tocó hablar con el "Negro" Prieto, no tardó en informarle a quien estaba adquiriendo; le resumió su actuación como pelotero y el favoritismo del que gozaba en su tierra. Venía de triunfar en el nacional doble A y estaba dispuesto a trabajar con todos los hierros.

Pero su sorpresa fue muy grande cuando escuchó un frío "está bien" de parte de su interlocutor. No lo recibieron con bombos y platillos como él creía, pero eso no lo desanimó. Tal vez era la fiebre de jugar lo que le hacía delirar imaginándose un pitcher famoso.

Al día siguiente continuaron las sorpresas de Vitico, quien se presentó a primera hora a su entrenamiento dándole unas diez vueltas al campo y quedando igualito sin sentir el más mínimo a agotamiento, mientras contemplaba a sus compañeros sudando la gota gorda. Entonces recordaba sus entrenamientos de atletismo allá en Cabimas y decía “Eso es lo que tenemos los zulianos que no tienen aquí, “guáramo". Luego vino el pitcheo y después el bateo. De todo salí muy bien, el muchacho causó asombro en sus compañeros que se sentían muy bien de estar con un novato que prometía una buena temporada. Pero para sorpresa suya y de sus compañeros el Víctor permaneció sentado, no salió casi a jugar en esa temporada quién sabe por decisión de quién.

Perplejamente, Vitico veía como utilizaban a unos jugadores que no tenían tan buenas condiciones como las suyas. “Esta sí es la última, yo aquí sentado como un gafo y aquel otro va y se poncha con dos en base. Este manager si está loco. ¿Qué será lo que están esperando para meterme a jugar? —se preguntaba Vitico una y mil veces—, vamos a esperar a ver qué pasa.

Pero aún así, al día siguiente, el muchacho aparecía a campo puntualmente para participar en los entrenamientos: “Ahora comprendo lo que me decía mi madre, aquí cada uno llega a la hora que quiere sin preocuparse de la hora fijada para los entrenamientos. Realmente que el que quiera echarse a perder aquí lo consigue. Pero no será eso lo que me motive. Yo voy a seguir cumpliendo con mi deber". Y así lo hizo. En toda esa temporada. Vitico no faltó un solo día a los entrenamientos ni llegó tarde jamás. Él mismo se dada ánimo:

“Tal vez en la próxima ya esté suficientemente preparado y me pongan a jugar".

Volvió la segunda temporada, la esperanza se mantenía latente, era posible que lograra esta vez su entrada en el campo. Pero nada pasó. Víctor permaneció sentado en el banco. Aunque sus condiciones eran extraordinarias, aunque le diera quince vueltas al campo. Aunque ponchara a todos los bateadores en las prácticas y aunque bateara de hit y hasta de jonrón, permanencia sentado. No podía ser. La rabia se apoderó del zuliano, sentía que debía hacer algo y muy rápido, no había viajado desde tan lejos para estar sentado sin hacer nada. Eso sí que no era así, debía reaccionar ante la humillación de la que le parecía que estaba siendo objeto y se decidió a hablar con Pompeyo en primer lugar:

—Así que tú me trajiste para tenerme sentado aquí como un mueble. Yo me vine de mi pueblo no porque quería, sino porque aquí pensé que iba a encontrar algo mejor. Si no me traían a jugar no debiste molestarte en convencerme y traerme de allá, —la cólera se apoderaba cada vez más del Víctor que se ponía, de color rojo y las venas le brotaban. -Suficiente razón tenía mi hermano cuando me dijo que era mejor que no me viniera nada. Es ilógico que yo esté sentado dos años perdiendo mi tiempo. Y no es por nada, pero uno no es ciego. Veo que aquí hay muchos que no son tan buenos como yo y sin embargo  están jugando. Ya perdí la cuenta de los juegos que se hubieran podido ganar si me hubieran utilizado a mí en vez de ellos. Nunca imaginé que me fuera a pasar esto en el profesional. Si uno va a meterse aquí para estar sentado, más vale estarlo en su casa.

—Espérate —le calmaba Pompeyo— las cosas no son así…

—¡Claro que son así ¿o es que tú crees que uno es imbécil? Yo no sigo aquí como un monigote. Me voy para mi tierra ahora mismo.

Y tomando sus cosas batió la puerta al salir para dejar a su hermano Pompeyo con la palabra en la boca.

Pero ahí no terminó todo. Apenas terminaba de regañar a Pompeyo, se fue a la oficina del Negro Prieto a enjabonarlo a él también.

—Eso sí que no me parece correcto, si usted no estaba de acuerdo con que yo ingresara a su equipo ¿para qué me dejó entrar? —le dijo Vitico al “Negro”, quien estaba más sorprendido que Pompeyo de lo que estaba oyendo. No soy de esos que les gusta ganarse los reales sentado en un banco. Si no sirvo aquí, me voy para donde sirva. Además, sé hacer muchas cosas más que no son solamente jugar béisbol así que le regalo su equipo..Yo me voy.

Su hermano Pompeyo Davalillo siempre trató de ayudar a los muchachos de Cabimas, Edo. Zulia, Venezuela, llevándoles pelotas, guantes, bates y diversos implementos deportivos, además de enseñarlos a batear y jugar. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El "Negro" se quedó en su sitio un pronunciar palabra y así se mantuvo durante un buen rato, mientras salía del asombro en el que quedó sumido después de haber visto a actual muchacho entrar sin decir ni buenos días, y salir sin despedirse, dejando una serie de palabras que tuvo que ordenar para saber qué era lo que realmente le estaba pasando.

Pero para ese momento, ya Vitico había comprado un pasaje de autobús y se disponía a montarse en el colectivo que lo trasladaría a Cabimas de donde pensó que nunca debió haber salido: “Dígame eso, ahora qué le voy a decir a Nicolás y a Etanislao cuando me pregunten por qué regresé. A lo menor se van a burlar de mí. Ojalá que ya se le haya pasado la rabia a Nicolás porque si no va a ser mas difícil". Vitico ya no hallaba qué pensar, pero seguía su camino y emprendió el viaje de regreso a su casa. “Lo último que puedo hacer es decirles que me puse bravo con Pompeyo y con Oscar Prieto. De resto no se me ocurre nada".

Después de un agotador via|e, Vitico había perdido un poco la noción del problema en el que estaba metido. Pero cuando se acercaba a su casa, todo se aglomeró en la mente del pelotero e imagino que la candela estaba ardiendo y muy cerquita de él.

De pronto me vino una idea a la cabeza. Entraría a la casa como si nada hubiese ocurrido y luego contaría todo cuando la familia saliera del asombro de verlo de nuevo en casa.

Así lo hizo. Víctor entró como si acabara de llegar del abasto. No saludo a nadie siguió a su cuarto que estaba dispuesto, esperándolo como si hubiera estado viviendo allí durante esos dos años.

La familia que se encontraba reunida en el salón, se asombró más que él de su valentía, y Manuel, otro de sus hermanos, murmuro: “Aquí hay gato encerrado". No tardó en salir a flote el problema porque- lo que Víctor logró con su buena idea fue acelerar la discusión que debía venir. Fue doña Miguelina quien tomó acciones: “¿Y usted como que se cree que aquí lo que hay es fantasmas? ¿Por qué llega a la casa y ni siquiera me pide la bendición?...".

—Perdóneme mamá, fue que no la vi —trató de remendar el hueco que había abierto el Víctor.

—Debe ser que ahora estoy más flaca que cuando te fuiste —le respondió irónicamente la madre. No le quedó otro remedio a Víctor que dirigirse a sus hermanos y contarles la verdad..."Y por eso me tienen aquí otra vez —finalizó diciéndoles Vitico después de contarles todo lo ocurrido en la Capital—. Yo no podía soportar estar rindiendo mi tiempo así y preferí venirme a organizarme aquí con mi gente, que quedarme allá sin cumplir ningún papel,

A pesar que las caras de sus hermanos, bien sabía que lo habían comprendido, pero ahora se encontraba en una incertidumbre muy grande, tenía que empezar de nuevo. ¿Por dónde?, no sabía, de lo que sí estaba seguro es de que no podría pedirle ayuda a sus hermanos mayores porque ya les había fallado alguna vez y no tenía derecho a exigirles, puesto que les había frustrado los planes que tenían proyectado para su hermano menor.

Nuevamente surgía la pregunta: “¿Y ahora qué hago?, eso me pasa por estarme poniendo a hacerle caso a Pompeyo. Estoy metido en un berenjenal del que no se cómo voy a salir". Pero por lo menos, por ese día decidió descansar un poco y pensar al día siguiente con la mente mas lúcida, o qué haría para volver a empezar.

Apenas se había despertado, recibió la cara sonriente de su madre que lo fue a levantar para hablarle y pedirle que no se preocupara, que para eso estaba la familia y si era de esperar un tiempo para conseguir un trabajo, no importaría. Ellos siempre habían sido unidos y esa ocasión no era la excepción que andaban buscando. Simplemente era una etapa más que había que superar y a eso iban.

Víctor Davalillo siempre gozó de gran popularidad entre sus amigos, que lo idolatraban ante cada batazo. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

Víctor se levantó y después de desayunar se fue a dar una vuelta por la ciudad. No tardó en encontrarse los números amigos. "Epa!! Vitico, y qué haces por aquí tú, "¿cómo te va con la pelota por allá en la Capital?, nosotros hemos estado pendientes de preguntarle a doña Miguelina, pero no nos dice casi nada, —comentaba uno de sus amigos".

—Yo no quiero hablar de eso —les respondió Víctor. Mejor cuéntenme ustedes cómo están las cosas por aquí.

—¿Pero chico qué te pasa?, a ti como que te fue mal por allá? —le insistieron.

—Ustedes como que son sordos, de que no quiero hablar de eso. Si lo que les interesa saber es si me botaron, les digo que no, me vine porque me molesté con Pompeyo porque no me ponían a jugar. Ustedes saben que no soy hombre de estar “sentado" en ninguna parte, —y dándose media vuelta tomó sus cosas y se fue.

—Espérate Vitico, deja la rabia, nosotros sólo queríamos saber de ti, vamos a tomamos algo fresco ahí mismo.

Víctor accedió, pensó que ya eran demasiadas discusiones y necesitaba descargarse un poco.

Al día siguiente volvió a salir con sus amigos e intentaba divertirse pero sólo lograba pensar en Io que había hecho: “Tal vez me precipité demasiado, pero creo que se lo merecían. Mejor no pienso más en eso, porque creo que tengo la razón, aunque extraño todo aquello, pero con el tiempo lograré olvidarme de eso".

—-¿Qué te pasa chico —le pregunta a uno de sus amigos ¿cómo que te sientes mal?

—No, no me pasa nada... respondió secamente.

¡PUEBLO CHIQUITO!

No sabía Vitico lo que ocurriría unos minutos después de estar reunido con sus amigos. Entró en tropel un vecino suyo gritando: “¡Vitico, Vitico!, vino Pompeyo con un poco de tipos, están allá en tu casa, parece que están hablando con Estanislao!!!".

A Víctor se le agrandaron los ojos como quien encuentra un tesoro de repente, no pudo disimular su alegría y se levantó acomodándose un poco la camisa para dirigirse hasta su casa nuevamente. Mientras recorrió el camino a su casa, unas diez personas lo detuvieron para avisarle que Pompeyo estaba buscándolo. A tal punto se impacientó que al último que se lo dijo le respondió eufórico: "Ya lo sé, no juegue!!!".

Era verdad, desde unos metros de distancia podía ver claramente a su hermano que hablaba con Estanislao y su madre Miguelina.

—Ahhh, aquí viene Vitico —refirió Pompeyo apenas lo divisé—. Ven acá Víctor. El Negro me mandó a buscarte. Después de pensarlo mejor, comprendió que tú tenías razón y que no podíamos dejarte perder. Él mismo piensa que debimos ponerte a jugar hace tiempo. Nosotros estuvimos hablando mucho después que te fuiste y comprendimos que no debimos dejarte venir. Pero aquí estoy yo para llevarte conmigo de nuevo y ponerte a jugar enseguida.

Víctor no lo creía. Era verdad lo que le estaban diciendo, pero no podía salir de su asombro. Por fin le volvieron los sentidos y lo único que alcanzó a decirle a su hermano fue: ¿Cuándo nos vamos?..."

Cuando tú quieras, lo importante es que estemos allá rápido para que inicies las prácticas porque ahora sí te vas a estrenar. El pitcher zurdo y zuliano que le daba la victoria al Caracas, béisbol... club!!! —le respondió Pompeyo dándole una palmada en la espalda.

Por su parte, Estanislao y Nicolás se volvieron a llevar las manos a la cabeza y lo encomendaron a Dios para ver si ahora le iba mejor. Doña Miguelina, en cambio, estaba muy contenta, y sabía que aunque no iba a estar con su hijo, esta vez si le iría como debía irle: tan bien como se lo merecía un hijo pendiente de ella y de toda la familia.

Hasta mal hechas le quedaron las maletas al pobre Víctor esta vez. Un extraño presentimiento le decía que ahora sí sería definitiva y lo aceptarían porque estaba seguro de que lo que necesitaba era un chance para demostrar quién era.

Cuando llegó de nuevo a hablar con el Negro Prieto, éste mostró más interés que la vez anterior. Le dijo que esperaba mucho de él y que le seguiría los pasos detenidamente.

Víctor no se amedrentó, tomando sus cosas le dijo: “Ojalá sea cierto, para así demostrarle quién soy".

Nuevamente salía al campo y le ganaba a todos los corredores cuando hacia la calistenia de rigor. Tanto era su dinamismo que una vez estando en los vestidores, uno de los peloteros nuevos le preguntó: “Vitico, ¿por qué tú corres tanto y no te cansas?, de dónde sacas esa velocidad si todos hacemos los mismos ejercicios?".

—Eso es muy sencillo, cuando yo estaba en mi tierra, practicaba atletismo y llegué a correr cuatrocientos metros planos. Gané un porción de veces. Además, tú sabes que no hay mejor estadio que la tierra donde uno nace y donde se respira aire puro. Si allá en Cabimas se hubieran encargado más del deporte como antes, ya verías tú ese poco de campeones que saldrían de tierra zuliana —respondía Vitico a la pregunta del intrigado muchacho.

A medida que pasaban los días Víctor adquiría más experiencia, pero todavía no se enfrentaba a nadie. Hasta que un buen día Pompeyo lo llamó y le dijo: “Vitico, mañana te estrenas, tú sabes que nos toca jugar con Oriente, así que quiero que te luzcas y le lances con todas tus ganas, mira que no quiero defraudar a nadie y mucho menos al Negro Prieto. Él tiene mucha fe en ti y no quiero que la pierda.

—No te preocupes, —le respondió el hermano menor— yo te dije a ti que no defraudaría a nadie y así va a ser. Si es verdad que mañana voy a pitchar, ya me vas a ver en mi terreno.

Y efectivamente, ante el asombro de un público que lo veía por primera vez, el joven debutante lanzó un gran juego. Sí le vinieron los nervios de quien se estrena ante un gran público, pero realmente se sobrepuso.

Los fanáticos del Caracas lo animaban, los del Oriente, para la época, casi tantos o tal vez más que los del Caracas lo pitaban y trataban de ponerlo nervioso. Vitico ni veía para el lado izquierdo de las tribunas, se hacía el loco. Por momentos creyó ponerse nervioso pero salió avante con la concentración necesaria. Por fin: “¡Ganó el Caracas!". Unos gritaban otros lo cargaron en hombros y desde el dugout, un hombre por fin respiraba, se trataba nada menos que de Pompeyo quien desde que comenzó el juego no hizo más que sudar como un enfermo hasta verlo finalizar. No quiso decirle nada a su hermano para no ponerlo nervioso, pero por fin todo había salido como él se lo propuso y ahora podían ir a celebrar la gran victoria que había obtenido, no el equipo Caracas, sino su hermano Vitico sobre todos aquellos que imaginaron que no era un buen pitcher y que no resultaría porque era zurdo. Pero no sólo se lució como lanzador, porque también empujó las carreras que pusieron el score a favor de su equipo. Definitivamente ese día se estrenó un jugador completo.

El Negro Prieto también lo observó desde la tribuna y fue justamente en esa oportunidad cuando se lamentó de no darle un chance anteriormente. El muchacho tenía madera y debía explotársele.

Cuando todos los ánimos estaban calmados, Víctor reflexionó sobre lo ocurrido y estaba muy contento. Su futuro estaba asegurado por mucho tiempo y debía medir sus actuaciones de manera de no fallar. Se acordó mucho de lo que le dijo su madre al día siguiente de asistir a la práctica porque con la celebración del triunfo, las copas se excedieron y se sentía muy cansado para asistir al entrenamiento, pero apenas recordó lo que ella le había dicho, saltó de la cama y se dispuso a cumplir con su deber como lo haría en todas las circunstancias posteriores.

"Vitico" Davalillo ya iniciaba con buen pie su exitosa carrera profesional con los Leones del Caracas, B.B.C. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

El segundo encuentro fue más sencillo. Le tocaría esta vez lanzarle al Valencia, pero fue más sencillo porque ya no existía la presión de tener que demostrar quién era. Aprendió un poco más a dominar su concentración y era seguro que le iría mejor como en realidad pasó. Volvió ganar tanto desde el box como con el bate. El nombre de Vitico comenzaba a sonar en las bocas de los fanáticos y de la prensa. De una vez daba qué hacer y ya había que pensar en las estrategias de los otros equipos para ponerle freno al mundo de batazos y de lances que se les venía encima. Más de una vez se dejó escuchar en el dugout del equipo contrario: “Ese es un hombre peligroso".

Las noticias llegaron a Cabimas, la madre de Vitico estaba muy contenta, su último hijo ya estaba encaminado y por la forma como le iba, creía que ya podía defenderse solo. Los hermanos, aunque no afloraban mucho su entusiasmo, para no dar su brazo a torcer, tampoco podían ocultarlo. "Lo que espero —decía Estanislao—- es que todo siga como va".

Y mientras Vitico se hacía cada vez más indispensable para la novena Caraquista, los peloteros profesionales de experiencia consagrada iban viendo la manera de aconsejar al muchacho sin que éste se ofendiera.

Alfonso Carrasquel fue el primero en hacerlo. “Mira Víctor, tienes que ir pensando en jugar otra posición. Tienes un brazo muy valioso y no es justo que te vayas a quemar. Cuando te des cuenta, ya no vas a tener brazo. Es bueno que hables con el Negro y con Pompeyo a ver qué se puede hacer para que te cambien de posición".

También "Cocaína" García le aconsejó para que tratara de medir su velocidad y de jugar en primera o en los files. Y así fue.

Después de hablar con el manager, en unos juegos Davalillo hacía de pitcher y en otros de jardinero central, en realidad eso no era gran problema porque el muchacho jugaba bien cualquier posición. Sólo la tercera base estaba vedada para él porque era zurdo y nunca se recomendó que un jugador zurdo cubriera esa posición.

Los niños ya buscaban a Davalillo para pedirle que les firmara sus pelotas y eso significó para él mucho, porque a su entender quería decir que ya era famoso. Y así era en realidad, en el estadio era comentario obligado en cada juego. Cierta vez en que el equipo Caracas estaba empatado y Víctor Davalillo tomó turno al bate, dos de los observadores de las gradas, en las que los fanáticos están revueltos, mantenían la misma inquietud pero con diferentes objetivos. Uno dijo en voz alta: “Davalillo va a batear de hit". El observador que se encontraba a su derecha le dijo: “Cincuenta bolívares a que es out", obteniendo por respuesta: "Van!!!". Y Davalillo, que tan distante parecía estar oyendo la conversación, no defraudó al fanático que creyó en él y le mandó un imparable para complacerlo. Por supuesto el gozo del primer fanático y la rabia del segundo, llegaron al mismo grado pero en sentidos distintos.

Víctor Davalillo en su casa, mostrando los innumerables trofeos y placas de reconocimiento conquistados, durante su brillante carrera en el béisbol. (Archivo: Hnos. Dupouy Gómez).

LA MISIÓN ESTÁ CUMPLIDA

Justamente a los sesenta y cinco años, cuando ya creía que sus hijos estaban criados, muchos de ellos con su familia y otros encaminados, doña Miguelina que pidió irse a reunir con su Martiniano al que no pudo olvidar jamás a pesar de los diez y ocho años que estuvo separada de él. Ella divisaba el futuro de cada uno de sus varones, los veía unidos y pendientes cada uno del otro, por lo que bien podría apartarse de ellos físicamente, aunque siguiera cuidándolos en la eternidad.

Vitico recibió la noticia. Su madre estaba a punto de morir debió trasladarse a verla. AI igual que Pompeyo y todos sus hermanos, Estanislao, Manuel, Nicolás y Francisco, sentía la pérdida de su madre que fue más que eso para ellos, la mujer que los comprendió cuando necesitaron y la que estuvo presente en la realización de cada uno de ellos. Pero a la vez comprendían que ella deseaba rendirle cuentas a su Martiniano de la difícil tarea que le había dejado encomendada.

Sólo una cosa sentía Vitico y era que su madre no compartiera con él la emoción de ingresar a la “Gran Carpa" de donde había recibido noticias que pronto lo llamarían y se disponía a aceptar...

(Publicado en la "Revista" Deportes", N° 37, del 24 de marzo de 1980).

Espero, que este extracto del trabajo, poco conocido, sobre la vida del insigne pelotero venezolano, Víctor Davalillo, y las dificultades que tuvo que sortear, en parte de su vida, haya sido de su agrado.

Miguel Dupouy Gómez.